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10 julio 2014

Qué pasa cuando oyes la palabra mágica: "embarazada"

Estos últimos meses mi vida ha estado rodeada de embarazos. ¿qué pasa cuando uno llega a la treintena? Va a ser que es verdad eso del reloj biológico...
Sea como fuere, hoy, tras otra noticia de embarazo cercano (que me alegro casi como si fuese mío), me han venido muchos recuerdos a la cabeza. Y allí estaba yo con el teléfono en la mano, todo emocionada, hablando como si fuese master del Universo en preñamientos. Tan emocionada, que me ha dado igual que el pequeño fuese al cajón de las galletas y cosas ricas como si tuviese barra libre, que la otra me llamase a voces porque había cosido (según ella) una cosa al revés, o que el perro estuviese comiéndose (literalmente) un tiesto.
Mucha emoción y mucha empatía. Creo que esto le sucede a la inmensa mayoría de mujeres. No lo de emocinarse tanto que no te enteras ni de si se cae la casa, que también... sino ese sentimiento que te invade cuando alguien a quién quieres te dice que está embarazada. No sabría describirlo, pero si eres una de la especie, seguro que me estás entendiendo...
Sobre todo cuando es el primero, cuando deduces que es deseadísmo y sabes que ese futuro bebé va a tener unos padres increíbles. Ya el segundo es otra historia, ¿no? (pobrecitos, y yo que soy la menor de tres hermanos... ) Y el tercero... ¿una locura?
Además, la propia palabra llena la boca. EMBARAZADA... A mí me costaba hasta decirlo. Igual por eso mi marido (que a veces de fino y delicado tiene poco) decía directamente que estaba "preñá".
Y "preñá", "embarazada", o cosas más sutiles como... "me hice la prueba y...." despiertan todo lo mejor que se pueda despertar en la persona que te escucha. Más, seguramente, si ya tiene hijos, e infinitamente más si disfrutó de su embarazo.
Yo al oirlo seguramente pensé en mis barrigas y en mis curvas, que tanto echo de menos. En esa sensación única de saber que tenías un bebé lindo dentro. En ese estado que te cambiaba la forma de ver la vida, y aunque tú fueses pisando huevos con las piernas de jinete, te sentías flotando por encima del suelo. En las patadas y patadones de los últimos meses que me dejaban realmente alucinada. En el sopor continuo y las siestas panza arriba sobándome la barriga. En los mimos y el cariño de la gente. En los caprichos concedidos. En los abrazos de mi marido tumbados en la cama, acoplados en posición fetal, desde muy al principio hasta cuando casi no le llegaban ni las manos. En mi matrona que no pudo ser mejor matrona... en mis hijos de recién nacidos, y ahora... Y un millón de cosas más.
Claro que esto son solo las cosas buenas. Pero al fin y al cabo, las que más recuerdo. La mente es sabia, y cuando hay amor de por medio, olvidar las cosas malas, lo considero una virtud.
Espero no haberos aburrido, pero es que los embarazos me tocan la vena sensible. Creo que esto, también, lo heredé de mi madre.
¿Y vosotros? ¿sois de la especie?...

1 comentario:

  1. Claro que si es un embarazo muy cercano uno que sabe lo que es , lo siente como suyo. Y si , tienes razón , el segundo y el primero se diferencian , creo que el primero tiene el componente de que es novedoso y no sabes nada , asi que el segundo aunque le quieres igual ya tienes una confianza y un saber que no tenías antes.

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